Este domingo 8 de noviembre celebramos los 100 años del nacimiento de una de las figuras más trascendentes en la historia de nuestra disciplina: el Agrimensor e Ingeniero Geógrafo Severiano Gustavo Bartaburu. Reconocido referente de la Escuela de Agrimensura de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Miembro de Número de la Academia Nacional de Agrimensura y formador de generaciones de profesionales, su trayectoria representa un baluarte de rigor técnico, vocación académica y compromiso ético con la comunidad.
Semblanza: «Un siglo de vida… y casi un siglo de Agrimensura»
Por el Agrimensor Armando Del Bianco
El próximo 8 de noviembre, el brillante y querido profesor Severiano Gustavo Bartaburu cumplirá 100 años. Un siglo de intensa vida. Es una verdadera bendición para la Agrimensura Nacional, contar con su valiosa trayectoria. Un legado y una huella que trasciende generaciones.
Desde muy temprana edad fue Maestro de profesores y profesor de decenas de generaciones de colegas.
Hay cumpleaños y cumple años; los hay de todo tipo y de todas las edades. Pero cumplir 100 años no es un aniversario cualquiera: es un acontecimiento extraordinario. Y si el que cumple es Severiano Bartaburu, es un hecho que merece ser celebrado y honrado de una manera muy especial.
Por eso, hoy deseo compartir unas palabras con sus pares de la docencia, de la Academia y de la Federación; tambien con aquellos colegas que tuvieron el privilegio de ser sus alumnos, con quienes no tuvieron la oportunidad de conocerlo y, muy especialmente con estudiantes. Comparto también su «Hoja de vida» (para avalar sus méritos) y un cuento que Bartaburu escribió a sus nietos «Mojones que hacen historia».
«El Barta» (le decíamos), con el mayor de los respetos y afecto.
Hombre campechano, nacido en las sierras de Córdoba, que a pesar de su extraordinaria capacidad intelectual, sus reconocidas virtudes académicas y su excelencia profesional, nunca dejó de compartir, con humildad y generosidad, sus conocimientos y experiencias con todo aquel que se acercara a consultarlo.
Tuve el privilegio de ser su ayudante alumno en Dibujo Topográfico y JTP en Cartografía. Y de trabajar en su empresa CONSAGRA (Consultores Agrimensores Asociados), participando durante más de seis años, en la elaboración de los catastros de La Rioja, Neuquén y Catamarca. Además, fui su ayudante en diversos trabajos particulares.
A lo largo de mi vida profesional, Bartaburu siempre estuvo presente, a través de sus generosos consejos eminentemente prácticos, sobre el ejercicio de nuestra profesión. Pero, por encima de todo, quiero destacar su extraordinaria calidad humana y, quizás lo más valioso, sus enseñanzas y consejos sobre la vida misma. Que tanto uno como el otro, siempre comenzaban con un gesto afable, y decía: vea Del Bianco…
Mi agradecimiento será eterno, porque supo contagiarme su pasión por la Agrimensura, y dejar en mi una huella imborrable.
¡Feliz centenario, querido maestro!
Armando Del Bianco
Síntesis Biográfica: Profesor Severiano Gustavo Bartaburu
Nacimiento y Formación: Nació en La Cumbre, Córdoba, el 8 de noviembre de 1926. Egresó de la Universidad Nacional de Córdoba como Agrimensor (1952) e Ingeniero Geógrafo, perfeccionando sus estudios en Cartografía y Fotogrametría en el Instituto Geográfico Militar (IGN) en 1960.
Trayectoria Docente y Gestión Universitaria: Ingresó a la docencia en la FCEFyN (UNC) en 1955, alcanzando por concurso la titularidad en las cátedras de Cartografía y Dibujo Topográfico hasta su retiro reglamentario en 1987. Fue designado Profesor Consulto de la UNC en 1995. Se desempeñó como Director de la Escuela de Agrimensura y Director del Departamento de Agrimensura. Redactó el Plan de Estudios de 1956 junto al Agrim. Tito Livio Racagni, bajo la dirección del Prof. Emérito Juan Jagsich.
Función Pública y Ejercicio Profesional: Organizó el Departamento de Cartografía de la Dirección General de Catastro de la Provincia de Córdoba y fue Director de Catastro de la Municipalidad de Córdoba (1984-1987). Ejerció como Vocal Titular del Consejo Profesional de Ingeniería y Arquitectura (Ley 1332) representando a la Agrimensura (1960-1973). En 1969 cofundó CONSAGRA (Consultores Agrimensores Asociados), ejecutando relevamientos catastrales en diversas provincias entre 1970 y 1985.
Membresías y Publicaciones: Miembro de número de la Academia Nacional de Agrimensura y exmiembro de la Comisión del Doctorado en Agrimensura (UNCa). Autor del libro Agrimensura: Evocaciones de una Profesión Milenaria (Ed. PREMAT) y de títulos fundamentales de la colección «Maestros de la Agrimensura» editados por nuestro Colegio.
«Mojones que hacen historia»
El relato territorial adquiere en la pluma de Severiano Bartaburu una dimensión humana y pedagógica única. El siguiente texto forma parte de su obra «A mis Nietos», concebida para identificar el origen geográfico de sus antepasados y transmitir cómo los límites territoriales y sus señales materiales construyen memoria y acuerdos perdurables entre los pueblos.
DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA
¿Qué Agrimensor, alguna vez, no ha debido partir para su operación de mensura, de un mojón antiguo como referencia?
Es seguro que la presencia de este signo de límite territorial lo ha invitado a meditar en cuantos episodios de la vida real habrá sido mudo testigo, contribuyendo a la historia del lugar donde le tocó quedar definitivamente emplazado.
Mojón N° 262 en los Pirineos, Piedra de San Martín.
Este es el caso de un antiguo mojón ubicado muy lejos de aquí, en los PIRINEOS VASCOS, al norte de España, que fue colocado por Agrimensores colegas, hacia 1858, en el lugar donde existía de tiempo inmemorial una Piedra de referencia («mugarri», para los vascos), llamada históricamente PIEDRA DE SAN MARTÍN.
Pero, en procura que este relato sea de mejor comprensión, será necesario hacer alguna descripción geográfica del lugar así como de las características de sus habitantes, los vascos del Pirineo.
Históricamente, se conoce por PAIS VASCO (EUSKALHERRIA) al territorio unificado formado por siete provincias que se definen muy bien en los mapas. Actualmente, cuatro de estas provincias se ubican en España, al sud de la cadena montañosa de los PIRINEOS, que materializa el límite internacional con Francia. Las otras tres provincias colindan al norte, es decir pertenecen a este último país.
Para tener una apreciación geográfica mas clara digamos que, al sud del Pirineo se encuentran las provincias ó territorios llamados ALAVA – GUIPUSCUA VIZCAYA y NAVARRA. Actualmente las tres primeras forman la Comunidad Autónoma «EUSKADI», mientras que la cuarta constituye su propia Comunidad Autónoma de «NAVARRA». Ambas comunidades están dentro de España.
Las tres provincias ubicadas en Francia forman el territorio llamado AQUITANIA, las que se denominan de oeste á este: LABURDI – BENAVARRA y ZUBEROA (respectivamente, Labourd – Basse Navarre y Soule para los franceses).
De esta forma, las siete provincias que antiguamente formaban el PAIS VASCO se encuentran hoy distribuidas entre dos países: Francia y España. Pese a lo cual los vascos de ambos lados del Pirineo conservan las costumbres ancestrales de este pueblo milenario cuyo origen aún no ha sido categóricamente determinado, y todos hablan su idioma original, el «EUSKERA», sin perjuicio de hacerlo en francés al norte y en español al sud.
Desde 1993 existe un Protocolo de Cooperación ente EUSKADI-NAVARRA-AQUITANIA, que ha otorgado una dinámica exitosa en el camino de crear un cause de comunicación necesaria «respetando las particularidades derivadas de la organización propia de cada territorio pero mirando siempre al futuro».
Entre las costumbres ancestrales de este pueblo, uno de los más antiguos de Europa, se destaca el arraigo natural y profundo a su tierra y a su «caserío», al que está muy ligado, tanto que las propias características del entorno geográfico, fijan el significado de su apellido. Los apellidos vascos tienen una traducción del Euskera que los identifica con su origen territorial.
Pastores y rebaños trashumantes en el Pirineo.
En la zona del Pirineo Vasco el modo de vida fue siempre eminentemente agrícola y ganadero, Quizás sería mejor calificarla como Agro-Pastoril ya que las parcelas de campo propio pertenecientes a cada «caserío», eran, y aun se mantienen así, de reducidas dimensiones quedando siempre una especie de tierras indivisas, a través de las cuales se conservaba y respetaba una suerte de «PASTOS COMUNES», donde necesariamente tenían una presencia comunitaria los pastores de ovejas que controlaban personalmente, con la ayuda de su perro amaestrado, el desplazamiento del ganado regulando adecuadamente el consumo del pasto natural. Sin esta actitud de siglos, verdaderamente ecologista, los pastos se habrían agotado indiscriminadamente.
Aun hoy pueden verse desde las rutas, a estos personajes con su perro y su silbato, aunque no son extraños los clásicos «boyeros eléctricos».
La comunidad de uso de los pastos ha perdurado como una costumbre muy antigua que se regulaba con tratados de «facerías», los que, entre otras cosas, permitía y reglamentaba el libre tránsito con el ganado entre «Parroquias» vecinas, procurando, así, un mejor aprovechamiento de las escasas riquezas naturales.
Así es que el pueblo vasco se caracterizó desde tiempos remotos por el pastoreo «trashumante», es decir aquel que permitía mover continuamente el ganado (ovejas), de los campos de «veranada»(en verano partes altas), a los campos de «invernada» (en invierno, partes bajas), lo que dio lugar a un oficio muy respetado: los «pastores pirenaicos», que en alguna medida todavía existe, como hemos relatado.
Esta costumbre generó una relación entre los vascos de uno y otro lado del Pirineo, que dio origen con el tiempo a un comercio permanente poniendo de relieve la integración de costumbres y de idioma nativo, el Euskera.
Volviendo a nuestro asunto, recordemos que el País Vasco Francés (Pays Basque), comprende tres provincias de las cuales ZUBEROA (Soule, en francés), constituye el límite este de tal territorio. A continuación, se encuentra la zona del BEARN francés, con idénticas características geográficas y costumbres. Por eso los «Zuberoterras» son vascos y los «Bearneses», casi vascos; cada uno de ellos con su propia identidad, pero con costumbres comunes y profundamente respetuosos de sus tradiciones.
Al sud, del otro lado de la montaña, pero en el mismo sector, está el VALLE DEL RONCAL, perteneciente a la comunidad de Navarra en España, en el que habitan vascos con idénticas tradiciones.
El límite internacional que los separa es una poligonal totalmente amojonada que pasa, en general, por zonas de alta montaña que los vascos llaman «mugas» desde épocas remotas.
Uno de estos mojones, («MUGARRIS», para los vascos), se encuentra precisamente en el sector antes indicado, y lleva el N°262, a una altura de 1760m sobre el nivel del mar; está emplazado en el lugar denominado «LA PIEDRA DE SAN MARTÍN», que es un mugarri muy antiguo.
Este mojón es mudo testigo continuador de una tradición de siglos que pasaremos a describir y que pone de manifiesto el tradicional respeto de los vascos por la palabra empeñada parte de sus costumbres ancestrales.
UNA TRADICIÓN DE SIGLOS
En los Pirineos Vascos existen innumerables acontecimientos históricos que enriquecen su patrimonio cultural y que son motivo permanente de recordaciones y festejos; pero hay uno en particular que se conoce como «EL TRIBUTO DE LAS TRES VACAS». Es una ceremonia tradicional que se celebra desde hace mas de 600 años en lo alto del Pirineo cada año, el 13 de JULIO a las 12 horas y que da origen a la llamada FIESTA DE LA PAZ.
Ese día, cada año, sin faltar uno, en un punto de la frontera entre Francia y España, a 1760 metros de altura sobre el nivel del mar, que se denomina LA PIEDRA DE SAN MARTÍN, Bearneses de Francia hacen entrega de «tres vacas del mismo pelaje, cornaje y dentaje», como tributo a los vascos del Valle del Roncal, en Navarra, España.
Ceremonia del Tributo de las tres vacas.
El sentido de esta ceremonia es rememorar el acuerdo de paz entre roncaleses y bearneses tras años de enfrentamientos causados por disputas mutuas sobre el aprovechamiento del agua y de los pastos sobre ambas vertientes del Pirineo. Si bien, hoy ambas vertientes pertenecen a países distintos Francia y España antiguamente el País Vasco compuesto por siete provincias como hemos relatado era un solo territorio sin solución de continuidad.
En realidad, existen distintas versiones sobre el origen de esta costumbre tan antigua como tradicional, una de las cuales se remonta al siglo XIV, hacia el año 1345 en que roncaleses y bearneses se enfrentaron en una sangrienta disputa originada, como hemos dicho, por la posesión de aguas y pastos de veranada en las cumbres del Pirineo. En aquella época los pastos comunes eran utilizados de uno y otro lado, por acuerdos que hemos descripto antes.
A estos pastos comunes de las altas cumbres concurrían los pastores llevando las ovejas en majadas que sumaban muchos miles y que permanecían durante los meses de temperatura adecuada por la excelencia de los pastos crecidos desde la primavera por la gran humedad que dejaba la nieve al derretirse pasado el invierno. Hacia los primeros días del otoño regresaban a las tierras bajas para pasar el invierno, la «invernadas», donde el clima era mas benigno.
Como hemos señalado, roncaleses y bearneses se entablaron en un conflicto tan grande que dio lugar a la intervención de CARLOS II de Navarra y de GASTÓN. Duque de Bearn, quienes mediaron para conseguir la paz estableciendo un calendario de uso alternativo de los pastos, pero, además del acuerdo surgió una especie de compensación permanente y anual que establecía: «Pronunciamos et mandamos por sentencia que los dichos baretones den et paguen por cada un anno perpetuamente, de aquí en adelante, las dichas tres vacas sines mácula». Esta sentencia fue cumplida y se sigue cumpliendo desde hace más de 600 años.
Está documentado que se ha cumplido a pesar de algunos conflictos o hechos de fuerza mayor como la guerra de la Convención entre Francia y España en 1794 y las invasiones de los alemanes durante la segunda guerra mundial, que ocuparon el País Vasco continental declarando la zona fronteriza con España como prohibida en 1944. Algunos autores vascos como Koldo San Sebastián, sostiene que los bearneses insistieron posteriormente en reponer las vacas no entregadas en los periodos señalados.
La ceremonia se realiza el día señalado a las 12 horas con la presencia de los alcaldes de ambos valles «vestidos a la antigua usanza, sombrero, capote, y valona». Todo el ceremonial tiene un protocolo que no ha variado a través de los siglos, en el dicho mojón fronterizo de la Piedra de San Martín. Estas piedras o mugarris eran colocadas por los montañeses bajo la advocación de San Martín, patrono de Francia en los «puertos» ó pasos divisorios que servían de camino habitual y que luego muchos de ellos sirvieron de referencia para el amojonamiento del límite internacional como nuestro mojón N°262, que nos ocupa.
Luego de la ceremonia de entrega de las tres vacas, que deben estar en las condiciones exigidas de salud y estado, y ser «del mismo pelaje, dentaje, y cornaje», que verifica un veterinario, se sirve un almuerzo típico y una fiesta tradicional en el mismo lugar, al aire libre, en plena montaña a 1760 metros de altura. Menos mal que en Europa el mes de julio registra generalmente las mayores temperaturas del verano. Terminada esta Fiesta de la Paz, los roncaleses bajan al valle con sus vacas que distribuyen entre dos ó tres comunas. Será que en lo que lleva esta tradición, los roncaleses ya han recibido más de 1800 vacas.
Severiano Gustavo Bartaburu Extractado de su libro: «A mis Nietos»
Con motivo de identificar geográficamente el origen de sus ancestros.
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